¿Qué es innovación y por qué es urgente innovar en educación?

Por Diana Cecilia González Sánchez

“Innovar es encontrar nuevos o mejorados usos 

a los recursos de los que ya disponemos” 

Peter F. Drucker

Con la incorporación del uso de las tecnologías en el ámbito educativo han surgido nuevas alternativas en cuanto a programas y aplicaciones que facilitan los procesos de enseñanza-aprendizaje, con las cuales es posible enriquecer la práctica docente y acercar el conocimiento a los alumnos de una manera más didáctica e interactiva. Lo anterior obliga a cambiar la práctica docente convirtiéndola en un proceso que facilite el conocimiento, dejando de lado la mera transmisión de conocimientos. 

Por lo anterior, se hace necesario promover, mediante acciones de capacitación, que el docente se mantenga actualizado, no sólo en los conocimientos dentro de su área o disciplina, sino también, en el desarrollo de competencias pedagógicas y tecnológicas que le permitan innovar su práctica educativa. 

En definitiva, innovar en el ámbito educativo no es sólo incorporar nuevas tecnologías en los salones de clase, se trata de aplicar de manera creativa y fundamentada diferentes métodos y estrategias pedagógicas que enriquezcan el proceso educativo y permitan acercar el conocimiento a los alumnos de una manera más amena, que los invite a participar e interactuar con el contenido, a desear saber más del tema y su aplicación en el ámbito profesional. 

A causa del rápido avance científico y tecnológico las instituciones educativas a nivel superior han tenido la necesidad de buscar la manera de innovar y mantenerse a la vanguardia en el empleo de tecnologías, buscando elevar su calidad educativa, por medio de la actualización de su infraestructura y la incorporación de herramientas tecnológicas que faciliten la gestión del alumnado y permitan mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje dentro del aula. 

Por otro lado, efectuar este tipo de acciones sin un sustento pedagógico, poco puede favorecer en la misión, ya que partir de una definición reduccionista de lo que realmente significa innovar, puede ocasionar que sólo se esté tomando en consideración la parte de modernización sin pensar en los fundamentos y metodologías que sustenten dichas acciones

De hecho, innovar en educación no sólo involucra el acto de modernizar el mobiliario de las instituciones educativas, implica, además, transformar los procesos de enseñanza-aprendizaje, poniendo al alumno en el centro de dicho proceso como sujeto activo y al docente como un facilitador del conocimiento. 

Por lo tanto, es necesario que antes de innovar, se lleve a cabo un análisis de los procesos de enseñanza-aprendizaje, apoyado en los descubrimientos dentro del campo de la neurociencia, los cuales han permitido obtener una mejor visión de la manera en la que el cerebro realiza el proceso de aprendizaje y cómo este proceso puede potenciarse para garantizar un aprendizaje más significativo y duradero.

Finalmente, repensar la educación es el paso necesario para crear un fundamento válido que oriente el diseño de estrategias didácticas, con las cuales será posible fomentar una participación más activa por parte del alumnado, incorporando estrategias de enseñanza que impulsen el aprendizaje significativo y colaborativo, lo anterior con el apoyo del uso de las TIC, que facilitan la interacción: tutor-alumno, entre alumnos y entre estos y los contenidos, siendo las TIC, una excelente herramienta para desarrollar el pensamiento abstracto dentro del aula.

¿Qué es innovar y para qué innovar en educación?

Tomando en consideración la definición de innovación de Zaltman (Margalef García & Arenas Martija, 2006: 3), el acto de innovar conlleva un: “(…) proceso creativo por el cual dos o más conceptos existentes o entidades son combinados en una forma novedosa, para producir una configuración desconocida previamente.” De tal manera que, innovar en educación, supondría repensar el acto educativo. 

Así pues, innovar en educación, involucra un cambio de pensamiento, una aceptación de ideas que permitan mejorar o hacer más eficientes los procesos de enseñanza-aprendizaje, lo anterior con el apoyo de los avances científicos en diversas áreas como: la tecnológica que permiten la creación de espacios virtuales, la sociología ligada al estudio de las nuevas exigencias de la sociedad del conocimiento, las teorías neurocientíficas las cuales contribuyen en la comprensión de la forma en la que el cerebro lleva a cabo los procesos cognitivos, etc.

Finalmente, la propuesta de innovación en los centros educativos también debe favorecer en todo momento la manera en la que se lleva a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje y, por ende, fortalecer el desempeño de docentes y alumnos, para ello, debe corresponder con el modelo educativo vigente dentro del contexto en donde se pretende innovar ya que los modelos educativos marcan la pauta para comprender el fundamento pedagógico bajo el cual se rigen los procesos educativos en un determinado contexto educativo.

¿Por qué innovar? y ¿Cómo hacerlo?

Un estudio realizado por la  Universidad Nacional Autónoma de México y publicado en su portal educativo (UNAM, 2019), sobre la situación que guardan las instituciones de educación a nivel superior en México, considera que ésta posee entre otras características las siguientes:

  • Los maestros tienen poca familiaridad con el manejo de estrategias didácticas, considerando la elevada antigüedad que caracteriza a un buen número de docentes de este sector.
  • La formación docente demanda el diseño de evaluaciones que superen la estrechez de los exámenes y que permitan identificar las áreas pedagógicas que requieren apoyo.

Por ello, innovar en el campo educativo se convierte en una alternativa para llevar a cabo un cambio en los métodos de enseñanza-aprendizaje donde el docente, hasta el momento, ha asumido un rol de cátedra al interior de las aulas. Además, es importante resaltar que la educación en México sigue, desde hace años, un método de enseñanza tradicionalista, donde el maestro, poseedor del conocimiento, toma el papel de fuente de información que transmite a los alumnos, quienes actúan, en muchos de los casos, como meros receptores. Asimismo, se emplean técnicas de memorización para que el alumnado pueda retener una cantidad amplia de información y la evaluación se enfoca en medir el nivel de conocimiento del alumno. 

Así, innovar en educación es una tarea primordial para lo cual es necesario considerar los avances científicos en el campo de la Neurociencia, los cuales ponen al descubierto la necesidad de trascender del modelo tradicional centrado en la enseñanza, a modelos educativos enfocados en el aprendizaje y, por ende, en los factores que influyen en dicho proceso; aunado a ello, es importante resaltar que las teorías del aprendizaje sostienen, entre otras cosas, que los procesos mentales se ven influenciados por las emociones y sentimientos como fuentes de motivación que favorecen el aprendizaje (De la Barrera, 2009: 11).

En resumen, las estrategias didácticas que más favorecen el aprendizaje dentro del contexto actual son las que involucran la participación del alumno con actividades de colaboración y cooperación, como: Aprendizaje Basado en Problemas, Análisis de Casos, Aprendizaje Basado en Proyectos, Flipped Classroom, etc.

Foto de Christina Morillo en Pexels

¿Cuál es el rol que debe asumir del maestro? 

Anteriormente, para ser maestro sólo era necesario tener ser un profesional para cubrir el perfil que impartiera clases el área de su dominio; sin embargo, en el contexto actual, lo anterior ya no es insuficiente pues: “La formación de los profesores apenas empieza a hacerlos capaces de inventar actividades y secuencias didácticas a partir de los objetivos previstos. La inventiva didáctica de los profesores es pobre y depende de la imaginación personal o la creatividad” (Perrenoud, 2004: 33). 

Hoy en día las competencias necesarias para ejercer la profesión de maestro involucran habilidades de comunicación, conocimientos pedagógicos y uso de tecnologías aplicadas a la educación, un seguimiento constante y oportuno de los alumnos, diseño de instrumentos de evaluación y, sobre todo, el empleo de programas gratuitos o con coste, con los cuales el docente tenga la posibilidad de crear sus propios materiales multimedia como herramientas semióticas para representar contenidos abstractos que favorezcan el nivel de comprensión de los alumnos en determinados temas.

Al respecto Segovia & Soriano, 2009, (Hurtado Espinoza, Serna Antelo, & Madueño Serrano, 2015, pág. 218) afirman que “[e]l profesor como agente educativo de una IES (Institución de Educación Superior) desempeña diferentes funciones, entre las principales se encuentra la docencia, la cual está conformada por el desarrollo de diversas fases (diseño, organización, implementación y evaluación del aprendizaje) que forman el proceso de enseñanza-aprendizaje”. Esas funciones conforman las competencias básicas que debe tener al momento de su contratación, incluyendo dentro de ellas el uso consciente de las TIC.

En definitiva, la innovación educativa constituye el camino para mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje, para lo cual se requiere que el maestro asuma un rol de facilitador y se mantenga en constante preparación, reflexione su práctica docente y mantenga el interés por investigar mejores métodos didácticos y de evaluación, así como herramientas tecnológicas que lo motiven y le faciliten ejercer un rol más activo en el diseño de contenidos, actividades e instrumentos de evaluación que sobrepasen las limitaciones de un examen tradicional.

¿Cómo se llevan a cabo los procesos de enseñanza-aprendizaje?

La manera en la que percibimos y entendemos los procesos de enseñanza-aprendizaje proviene de los avances científicos en disciplinas, como filosofía, sociología, psicología y recientemente por la neurociencia, las cuales han proporcionado las bases teóricas para enriquecer el diseño pedagógico de métodos didácticos más efectivos (Leliwa & Scangarello, 2014: 223).

Anteriormente, en el modelo tradicionalista se consideraba a la mente del alumno como un espacio vacío que era necesario llenar de conocimientos sin considerar sus procesos de razonamiento y reflexión, es por eso que en la actualidad, en el contexto educativo a nivel superior: “(…) las estrategias tradicionales no permiten dar respuesta a las necesidades formativas de los actuales estudiantes universitarios, dada la democratización de la matrícula universitaria, la diversidad en la composición del alumnado y la necesidad de un mayor acompañamiento para orientar su aprendizaje profundo” (Biggs & Tang, 2011: 118).

Hoy en día, educar no es realizar una exposición a los alumnos de ciertos temas dentro del salón de clases. El acto educativo va más allá e involucra no sólo el empleo de teorías pedagógicas, métodos didácticos, estrategias de enseñanza y herramientas tecnológicas ya conocidas, sino también de cualquier otra rama científica como la neurociencia, que justifiquee otras formas de atraer la atención y el deseo por aprender en los alumnos. 

En cuanto a las teorías de aprendizaje, éstas son el fundamento que sirve para el diseño de los procesos de enseñanza-aprendizaje, sus características reflejan la idea que se tiene de educación, de los estilos de aprendizaje de los alumnos y, por ende, de la manera en la que se debe evaluar el desempeño académico del alumno.

La neurociencia ha contribuido en el diseño de estrategias de enseñanza-aprendizaje en donde el alumno es visto de manera holística, comprobando que su desempeño académico se ve influido por sus emociones y por el mecanismo de la plasticidad neuronal, el cual es responsable de modificar las conexiones entre las células nerviosas que contiene el cerebro. 

Por lo tanto, en el proceso educativo es importante motivar de manera constante al alumno mediante estrategias didácticas que lo mantengan activo, como el aprendizaje basado en problemas (ABP o, del inglés, PBL, Problem-Based Learning), el cual es un proceso de indagación que resuelve un problema relacionado con el contexto de la práctica profesional a la que se enfrentará el alumno a su egreso de la carrera, empleando preguntas, curiosidades, dudas e incertidumbres sobre fenómenos complejos de su profesión y de la vida. Los estudios de caso  incitan a indagar y reflexionar respecto a la información que es necesaria para resolver lo planteado en el caso; el Aprendizaje Basado en Problemas promueve la colaboración entre los alumnos y que cada integrante asuma un rol dentro del desarrollo del proyecto.  

Una acción favorable para llevar a cabo una innovación educativa sería cambiar el modelo educativo basado en la enseñanza, a un modelo educativo centrado en el aprendizaje. Éste favorece que, tanto maestros como alumnos, tomen un papel más activo, por un lado, el maestro asume la responsabilidad de capacitarse en el uso creativo de las TIC y en los principios pedagógicos básicos (teorías educativas, modelos de enseñanza-aprendizaje, estilos de aprendizaje, didáctica, evaluación, etc.) con los cuales pueda fundamentar el diseño de sus clases, sus actividades y por ende sus métodos de evaluación. 

En resumen, el diseño de una clase o una actividad tiene dos vertientes, por un lado, podría ser un medio efectivo de influir en los procesos mentales del alumno, pero por el otro, no siempre garantiza que éste aprenda, de tal manera que “[u]n profesor experimentado sabe que las actividades que hace, por bien elaboradas y preparadas que estén, no dan siempre los resultados esperados. El maestro propone, los alumnos disponen” (Perrenoud, 2004: 37). Por tal motivo de acuerdo con Dehesa de Gyves (2015: 22), toda innovación educativa consta de tres ejes: el perfeccionamiento permanente de los profesores en términos de desarrollo profesional, la reflexión sobre su práctica docente y la investigación en el aula. 

Foto de Fox en Pexels

¿Qué tecnologías se pueden emplear? 

El objetivo de innovar en educación es elevar la calidad educativa por medio del uso fundamentado de las TIC en el ámbito educativo, fomentar grupos de trabajo docente, ya sea presencial o virtual, es una opción que facilitaría la colaboración y el intercambio entre docentes de materiales de su autoría, los cuales puedan servir para que otros docentes puedan emplearlos como material en apoyo a sus clases, haciendo un vínculo entre materias o tomando como referencia el anterior para aprender contenido nuevo. 

Otro de los objetivos de la innovación educativa es el fomento del pensamiento crítico en los alumnos por medio de «Flipped Classrom» o clase invertida, en donde el alumno asume el rol del maestro llevando el control de la clase con la guía del profesor, lo cual motiva al alumno a participar de manera activa y constante. 

Finalmente, en la incorporación de las TIC en el ámbito educativo, el docente como facilitador debe asumir un rol de productor de contenidos y un guía del aprendizaje, aunque ello no garantiza que el alumno aprenda, abre las posibilidades de intervención objetiva realizando investigación educativa para fundamentar acciones que mejoren la calidad de la educación. 

En conclusión, innovar en educación implica romper con tradicionalismos arraigados empleando diferentes herramientas, como métodos, estrategias, tecnologías, etc. necesarias hoy en día para mejorar el aprendizaje de los alumnos. Dicha tarea no es tan sencilla, pues actualmente sabemos, gracias a la neurociencia, que los procesos mentales de los alumnos son distintos: algunos aprenden mejor de manera visual, auditiva o de manera kinestésica. Además, es necesario considerar su estado de ánimo, motivación, etc., romper con la rutina y estructura del aula en donde los alumnos se sientan por filas esperando pasivamente la información que el maestro tiene que transmitir.

Por lo anterior, el docente como facilitador del conocimiento debe estar actualizado en el empleo de estrategias y metodologías didácticas que le permitan innovar en educación, tomando en consideración que el alumno debe asumir un rol más activo. Esto hace necesario que el docente tome una actitud crítica de investigación permanente de su práctica, así como arriesgarse a enfrentar el reto que representa hacer las cosas diferentes y buscar continuamente nuevas formas de hacer las cosas; emplear la creatividad y fomentarla en los alumnos; perder el miedo al uso de las tecnologías; aprender del alumno y afianzar su atención motivándolo a aprender más del tema, a ser creativo y eliminar obstáculos, como la resistencia al cambio de ideas, métodos y actitudes. Todo esto por el deseo de querer mejorar la práctica educativa.

Referencias

Biggs, J., & Tang, C. (2011). Learning at University. London Buckingham: Mc Graw Hill.

De la Barrera, M. L. (2009). Neurociencias y su importancia en contextos de aprendizaje. Revista Digital Universitaria en línea.

Dehesa de Gyves, N. (2015). La investigación en el aula en el proceso de formación docente. Perfiles Educativos, 17-34.

Hurtado Espinoza, A., Serna Antelo, M., & Madueño Serrano, M. (2015). Práctica docente del profesor universitario: Su contexto de aprendizaje. Profesorado. Revista de Currículum y Formación de Profesorado, 215-224.

Leliwa, S., & Scangarello, I. (2014). Psicología y Educación. Córdoba: Brujas.

Margalef García, L., & Arenas Martija, A. (2006). ¿Qué entendemos por innovación educativa? a propósito del desarrollo curricular. Perspectiva Educacional, Formación de Profesores, 13-31.

Perrenoud, P. (2004). Diez nuevas competencias para enseñar. México: Quebecor World.

UNAM. (16 de enero de 2019). UNAM. Obtenido de UNAM: http://www.planeducativonacional.unam.mx/CAP_01/Text/01_01a.html

Diana Cecilia González Sánchez. Licenciada en Pedagogía, egresada de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Ajusco. Estudia la Maestría en Tecnología Educativa modalidad a distancia en la Universidad Da Vinci. Actualmente es jefa de la Subsección de Evaluaciones Académicas de la Escuela Médico Naval (EMN), a cargo de la Secretaría de Marina (SEMAR).

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