La muerte violeta II

Por Carlos Castro Castillo En memoria de Gustav Meyrink. I Fermín recorría velozmente las letras del texto y, a buen ritmo, se enfiló a la parte final del relato. —Nota del autor: se advierte al estimado lector que no pronuncie en voz alta la palabra Emelen. —Fermín leyó para sí— ¡qué tontería! —pensó sin pronunciar…