San Francisco en la mente

Por J.C. Guinto -Mamá, ¿quién era ese? -Era un vagabundo. -Mamá, yo también seré vagabundo. Jack Kerouac   Al salir de Powell Station, en pleno centro de la zona comercial de San Francisco, el primer residente con el que me topé fue un alto y negro pordiosero que miraba fijamente el cielo azul. Dejé la…

Reflexiones inútiles de la Ciudad y sus habitantes

Por Zulay Saxe Castro I Amanecer y anochecer comparten el mismo tono, los dos son limbos donde no es noche ni día, a esas horas las almas se mueven silenciosas esperando lo concreto: Un sol, una luna.  El cielo gris apacigua a los corazones rotos que gustan de rondar las calles a esas horas, sin mirarse mutuamente,…

Momento

Por Erick Tapia Resendiz Tras la derrota de la noche por el día, del maullido de los gatos por el canto de los pájaros, del viento frío por el bochornoso calor, de las películas de ciencia ficción por las de serie B, del celuloide por lo digital, por todo eso. La plasticidad de la materia cambia…

Darle la bienvenida al sol en silencio

Por Misael G. Jiménez I Yo velo por este canto de ave amorosa.   Por los pasos resonando recreando caminos que llevan lejos como tranvía/añoranza   Yo velo porque esta vigilia no duerma ni caiga al abismo donde el fuego fenece.   Por la lluvia y el viento que te trajo, musa yo velo cada…

La escritora azul

Por Ana Lobato del Castillo   Capítulo 1 Todo había cambiado. Pero las calles eran iguales anchas y grises, las personas espectros congelados del tiempo. El pueblo de la zona central conservaba la esencia de foto antigua, descolorida e inmóvil, con la novedad de algunos anacronismos. Rosa María aún vivía allí con la saeta clavada…

El muerto singular

Por Gabriel José Vale A Suramérica El terremoto se sintió muy dentro del cementerio, debajo de las inconmovibles lápidas. Si bien fue leve, su levedad pareció arraigarse de algunos cadáveres hace poco enterrados entre un luto tumultuoso e incierto. Como a las tres de la tarde la tierra empezó a sacudirse borrosamente, y toda aquella laboriosa…

Retrato

Por Gibran Castillo Ordoñez 1. De tu cuerpo cercenado, en mi escritorio habita un fragmento tuyo, un vigilante, un nocturno prisionero, sin viva floresta ondeando, ni  río sanguíneo, ni grito,  ni alas, ni cifrado vocabulario. 2. Inmóvil centinela, antiguo amor, antiguo ídolo, a veces, tras abandonarte, te entretienes mirando números colosales, insectos (que  cadáveres de…

Purpurina

Por Rodrigo Mora Soy un hombre muy viejo y encontré el último frasco de purpurina que me quedaba, de allí salió este relato. Lo busqué por muchos años y lo encuentro ahora que tiré algunas cosas de la alacena que expiraron hace cinco años. Los duraznos en almíbar parecían aceitunas negras. Estaba justo en medio…

El andar de los caballos

Por Fernando Cervantes Radzekov La gran mayoría de los caballos en el mundo caminan y corren con las cuatro patas contra el suelo, siempre con el lomo hacia arriba y la panza mirando al suelo. También es común verlos avanzar de atrás para adelante, aunque algunos ya han sido entrenados para moverse en reversa. Sin…

Último acto

Por Ana Lobato del Castillo El fonógrafo dejó de emitir voces. Quedó mudo para siempre, solitario y olvidado. El polvo revistió su superficie y el comején inició su banquete cuando Rosa María del Cántito Azul lo depositó en un rincón. Con pasos lentos, todavía elegantes, se dirigió al tocador. No fue capaz de contemplar la…

El cielo líquido

Por J.C. Guinto La Ciudad de México, por las mañanas, apesta a basura. Lo confirmo cada vez que salgo de casa, como hoy, a las seis treinta para asistir a mis clases de natación. Afuera mi nariz se topa con un muro de olores repugnantes de fruta y carne podrida, originados en lejanos vertederos. Camino…

El beso y la caguama

Por Emmanuelle Bravo Después de una caguama tu lengua destempla la oscuridad del ojo ciego. Látigos de saliva fluyen libremente en los linderos sedientos de tu amado. Los pétalos de los labios negros tienen, definitivamente, mejor sabor después de una caguama. El sabor acre eriza tu piel unos segundos pero el amado te endulza el…