Morada del colibrí. Poemurales

Por Wilson Díaz

El artefacto poético de Morada del colibrí, Poemurales (Malpaís, 2014. Colección Archivo Negro de la Poesía Mexicana), de Roberto López Moreno (Chiapas, 1942), se expande hacia la integridad del muralismo mexicano, pero también avanza en la reconstrucción poética y natural de dos animales típicamente mesoamericanos: la iguana y el colibrí. Esta interpretación marca la insignia de los elementos centrales de la cultura latinoamericana.

Por esta razón, el ángulo que ya se encuentra formado como lo expresa Roberto López Moreno sirve de guía para que el lector asista a las diferentes secciones, referencias, resonancias, influencias entre otras señales que se perciben en la Casa del Colibrí. 

Morada del colibrí. Poemurales posee la virtud del sentido épico en donde se instaura profundamente la tradición hispánica junto a la latinoamericana. La multiplicidad histórica y cultural hace de su representación un crisol, donde se funden el mundo de la plática mexicana, pintores, grabadores y artistas plásticos; donde se puede perseguir la estampa del colibrí. Una figura que se metamorfosea entre el filo polvoriento del laberinto, cuando las patas de la memoria, como poetiza López Moreno, sangran con la luna. La destreza se refleja en “La Longitud de la Iguana” primer poema que da inicio a la obra poética. 

Se nos vino el cerro encima, / empezamos a ascender su sentencia / de tierra que se eleva. / Nos impuso su destino / que dócil asumió la carretera, / … nuestro destino de saurio vertical / subió por el camino. / Arriba, un colibrí se desprendió de la corola [terrestre, / tramontó más arriba de los ojos, y más, / con el himno del motor entre sus pinzas. /  

Lo primigenio de esta obra de López Moreno traza el camino de las eras que estuvieron equilibradas en el tiempo de cuatro patas. Sus segmentos y enigmas están escritos en el poema cuando evocan la distancia o la hipotenusa iluminada de un cuerpo animal, que con el tiempo, en el poema, estira sus patas y luego vuela sobre el pecho abierto de los equinoccios. 

Varios fragmentos notorios que ocurren dentro del poema son híbridos de homenajes, canciones populares, visión mítica, percepciones de una litografía poética. Toda esta mezcla de intertextualidad hace de la obra un vínculo amplio y hechizado de formas visualizadas en donde transcurre Morada del colibrí. Poemurales:  

Iguana: / de tu longitud de barro nace el colibrí en el que [vuelas. / Tus centímetros terrestres crecen alas / para sostenerte / en las entrañas transparentes del espacio. / El barro sabio, a sapiencia y suma / se hace nudo volátil, / corazón emplumado en las rutas del viento. / De la iguana naciste, colibrí, / de su lodo horizontal y eterno. / En el sol del colibrí vuelas iguana, / madre, / fracción del planeta / incrustada en la carne del aire. / 

/ Qué es aquello que verdea / en medio de la sabana, / yo creí que era zacate / y era la maldita iguana. / 

                                     Canción popular.   

/ Hay en el planeta / un sitio irreal que llaman Juchitán / en donde las mujeres / en vez de cabellera/ llevan un tejido de iguanas sobre la cabeza, / así los caminos de tierra / adquieren la altura / de los pensamientos. / 

                                                                                                    Visión mítica. 

/ Padre Ponce. / Este saurio solar suele sonar en sol / (el Quinto Sol “bajo nuestros pies, sobre nuestras cabezas”). / Tla l pan Tla l pan / Tla Tla l l l l l l l Tla Tla / l l pan pan pan pan pan / Tlal pan l pan l / Tlal pa n / corazón de la tierra firme. /

                                                                                                                               Ante una litografía.  

La imagen horizontal se manifiesta en la mutación de la iguana, cuando nació colibrí en el lado horizontal y eterno. Después, López Moreno poetiza hacia el viaje interior y exterior del espacio en donde yace el sol y vuela el colibrí a través del reflejo camaleónico de la iguana, que se va rebalsando dentro del poema. 

La cartografía que se respira en Morada del colibrí. Poemurales es una oleada de transfigurar la realidad hacia una línea estética e ideológica, pero, por otra parte, también es la memorización de la tradición poética latinoamericana. 

Al volver al recipiente de luz como se expresa en el poema dedicado a Rufino Tamayo—, el lector se enfrenta a la declaración intimista de “IN MEMORIAM”, donde el poeta destila entre la enfermedad de Dios, la sombra sobre sus deudos y la arcilla sin luz de los difuntos todo un viacrucis de versos trastornados y a su vez vanguardistas, donde la reseca llaga vuelve al rumor de sus rezanderas. 

/ Sí, Dios estaba enfermo, / y se fue desmoronando. / Tiempo al revés, / descaminó sus células celestes en el barro, / repartió su patria carnal / a las contaminaciones; / cayó como sombra sobre sus deudos, / sonó como suena la arcilla sin luz de los difuntos. / Ay, el antiguo rumor de las rezanderas. / Su cuerpo fue honrado en un rincón de la casa, / a la mitad de la calle, / bajo el agua, sobre el agua, entre el agua. / El había lermado en trilce cuenca, / envenenándose había por tres venas. / Ahora era el tiempo cuarto… el que arde. / 

 / Alguien puso la mano en el pecho de todo… / desde entonces llevamos el pecho [incendiándonos 

 / como un tambor / y sobre él manos para tocar el cielo del barro / y el barro del cielo en su verde catecismo. /   

Después de esta crucifixión y resurrección poética, el lector se sumerge en la extensa descripción que hace López Moreno sobre “Morada del colibrí”: una ruta de fuego en donde se ve plasmado el vuelo multicolor del horizonte, cuando el poema levanta la fuerza vertical cuya iguana también mora de manera significativa e invisible en el ángulo de la tierra, como espacio e imagen que se va construyendo en el vuelo. 

/ Chupaflor / U minia iest balshaia paquilistli / Fue en Cuernavaca: / de pronto, en el centro de la esfera calcinante, / se abrió a los ojos deslumbrados, / suspendida en el aire, / una flor con alas, / nerviosa, tornasoleada, / sostenida apenas / por los invisibles hilos del misterio. / ¿De cuántas muertes vienes, Colibrí? / De cuánta vida tú, / que has navegado por los siete cielos. / 

/ Halo / Fantasma / Espectro / Imagen / Metáfora / Corazón emplumado. / ¿En dónde el Colibrí cuando no frente a los ojos? / ¿Sobre qué incógnitas su voltaje? / ¿En qué parte del prisma está vibrando? / Rotación. 

 / La mañana se abre guanábana sobre el escándalo / [del día,

/ y cada casa, cada músculo, cada sobresalto / es un aéreo nudo de fuego. /  

Para finalizar, en los últimos poemurales, el poeta ancla los poemas “Unión Soviética”, “Guitarra”, “El río” y “Muerte y vida de José Hernández Delgadillo”, un poema donde se habla sobre la vida y la militancia política de este pintor, como recuento memorialístico de toda una generación que se fue agrupando a mediados de los ochenta, entorno al Grupo Cultural Maíz Rebelde. Por último, contemplemos un fragmento de esta militancia poética: 

 / ¿Cuál es la orden a la militancia de la sangre? / Aún estridan los argumentos de la duda. / Rebaño y carroña exigen la palabra, / hoy me sostengo en la lengua de la pólvora / ¿Cómo llamarle a este latido que hoy empuño? /Hijos de siniestras leyes somos / ¿De Adán heredamos este traje purulento? / ¿Esta [risa de manzana descompuesta? / ¿De Eva? / Qué débil número somos de esta historia, / como la entraña que se alzó del polvo / ¿Cuál es la consigna camarada Maiakovski? / ¿Cuál es la ruta? / ¿El infinito? / – ¿Cuál es la orden a la militancia de la sangre? / 

Poema a la Unión Soviética.

Morada del colibrí. Poemurales de Roberto López Moreno, Malpaís ediciones. Foto: Majo Ramírez

Wilson Guillermo Díaz Rodríguez (Bogotá, 1978). En proceso de grado en Estudios Literarios en la Universidad  Autónoma de Colombia. Promotor de literatura infantil y juvenil en espacios no convencionales desde el año 2006. Ha desarrollado talleres de lectura para niños y jóvenes. Algunos de sus poemas han sido publicados en la Fundación y Editorial DomingoAtrasado. Segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo Ojos erectos, presentado en el Vigésimo Sexto Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2011. Segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo La apocalíptica Yoknapatawpha County, en tres relatos del escritor William Faulkner, presentado en el Trigésimo Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2014. Uno de los ganadores en el primer Slam de Poesía en el Ring realizado por el colectivo Las Desobedientes en febrero del 2015. Autor de Las Heridas del Ruido (Editorial y Librería La Valija de Fuego, 2015). Ha colaborado con las revistas Literariedad de Colombia, y Primera Página de México. Escribe ensayos literarios para la revista Liebre de fuego de México y LSD de Uruguay. Ganador del premio nacional de ensayo organizado por Lit Asociación de literatura en concertación con el Ministerio de Cultura con su trabajo Femina suite, polifonía entre un yo narrativo que se despliega en la trilogía de R. H. Moreno – Durán. Próximamente aparecerán sus libros de poesía Leprosario —la curva de la piel— publicado por la editorial La valija de fuego y  Hojalata publicado por la editorial El taller blanco editores. 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Roberto López Moreno dice:

    Wilson, maestro, estoy muy agradecido por su ensayo a cerca de Morada del colibrí. Espero que este sea el primer episodio de una relación amistosopoética. Un abrazo.

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