Manjar de leche*

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Por Diana Peña Castañeda

De la versión más popular a la más pudiente, esta receta no precisa apuntes ni dosificaciones porque la magia de la cocción llega sólo si se omiten los afanes y los prejuicios. De preferencia se consume tibio, al instante para que el paladar pueda degustar mejor la sazón brillante y exquisita de quien lo cuece. Va muy bien como entrada, plato fuerte o sobremesa; incluso a modo de golosina antoja bienestar, ya que, por lo natural de este potaje, su esencia ofrece innumerables ventajas nutritivas. Su preparación resulta ser de las más económicas porque no exige gran cantidad de ingrediente salvo una teta vacante en el pecho de mamá y el tiempo justo para que en la boca del bebé se fusione el cielo con la tierra.

Preparación
Busque un lugar donde se sienta cómoda para no sufrir interminables dolores de espalda. El patio, al sol, bajo la lluvia, de día, de noche, la sala de la casa, la cama, la cocina, de pie, arrodillada, sentada, acostada. La teta es portadora de una aguda intuición, déjese guiar. Si la premura la sorprende en la calle, al mundo le parecerá un insulto ver tetas al aire dispuestas a calmar el llanto o el hambre de un hijo, pero ¿qué saben los mortales sobre el grito lanzado por la naturaleza en la voluptuosidad del tiempo?

Si es usted primeriza o está en las semanas incipientes de su labor procure manojos de paciencia pues no sólo suelen ser los momentos más prolongados, sino, quizás, los más dolorosos. ¡No hay peligro de desfallecer, lo normal es pasar muchas horas del día y de la noche amamantando! Deje que sus pensamientos se deslicen por sus propios silencios, mientras el bebé recorre su pecho como un espíritu exiliado. Estará muy bien si alguna prefiere tener a mano un par de pañuelos para morder cuando el dolor le rompa la respiración.

Procure mantener el pezón bien hidratado y sobre todo limpio, pero cuide que no pierda su suave olor a violetas porque en las reminiscencias más ocultas del adulto, al final del tiempo, de las viejas lámparas, del vino y la palabra, ese perfume será el bálsamo entibiado que le conduzca a dormir en su franco y más puro estado ya tan efímero.

Quien nunca ha sentido el chillido de la tempestad dirá entre risas ciegas: si está intranquila, la leche se le va a cortar. Quién pudiera dar fe de todo lo contrario si no aquellas mujeres que, envueltas en las más míseras guerras o catástrofes, hechas brillo ensangrentado, de polvo llenando sus estómagos, con la única provisión que una teta en la mano, amamantan silenciosas para que el bebé deje de llorar.

¿Y si en medio del estrépito cotidiano usted se paraliza y la leche deja de salir? Si ese fuera el caso ha de saber que sus pechos poseen el pretexto para ser vaciados gota a gota, porque la leche es anárquica, sabe florecer entre el peligro y el encierro. Por muy estrecha que sea la situación, la leche
ha de recuperar la calma en los movimientos minúsculos de succión de su bebé, porque más que un alimento, para él, la leche es victoria efervescente.

El delirio moderno expondrá a las más oscuras arbitrariedades su derecho a lactar después del sexto mes. Esperarán que usted no pregunte, no sienta, que apenas respire como si fuera cuestión de trazar una línea en el aire. Incluso, algunas voces dirán en tono de sutil cortesía que, entonces, su teta
debe ser ahora una pulsión de practicidad para despertar nuevas y diferentes pasiones, por eso, habrá que despojarla del paño de lino y tallarla en coloridas jaulas de seda y pedrería…

Y ahora que sabe estos pormenores, junte las manos, sostenga suavemente a su bebé. Consienta que su cabecita se enrede en un instante sutil por elegir un pecho, hasta que su barbilla se pierda en esa atracción súbita. Déjelo caer enamorado en la más pura seducción de su mirada. Permítale aferrarse al brillo de su corazón, tan cercano que conozca, reconozca el camino hacia ese lugar tranquilo y calientito donde estuvo viviendo lúcido, al margen de toda ley antes de tener una nueva identidad.

Cuando esto suceda, usted podrá jactarse de ser una madre experta en preparar el platillo más fino, de la cocina más excelsa. El manjar de leche, de textura apetecible, que surge de las entrañas con un sabor exótico capaz de despertar la verdadera conciencia del amor como los pájaros cuando anuncian la primavera.

Madre arrodillada e hijo de Paula Modersohn

Diana Peña Castañeda. Colombiana y profesional en Comunicación Social y Ciencia Política. Me impulsa escribir historias sobre comida como un elemento simbólico quizás, ante la necesidad de darle forma a los sentimientos que a veces son recuerdos, a veces deseos, sueños, fantasías que se plasman en la silenciosa y extraña tela de la vida.

*Primera entrega de tres recetarios e historias exquisitas.

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