Tiempo arrasado

Por Arturo Molina

Hace poco, mientras hablaba sobre temas de pareja, le dije a alguien que todos somos perecederos. Lo somos, en efecto, pero la nostalgia nos aferra a los instantes como si en ese reparo desafiáramos nuestra caducidad. Muchas veces quedamos fijos en un recuerdo hasta rascarle el último vestigio de dolor y gozo; la memoria queda desgastada y ese recuerdo se vuelve tierra infértil, como una gota en la cabeza que a fuerza de repetición corroe el cráneo.

Algo parecido me ocurrió al concluir la lectura de Tiempo arrasado (Revarena Ediciones 2019), de Aldo Rosales Velázquez (así, con los dos apellidos), su noveno libro impreso y que se presentó en la reciente FIL de Guadalajara.  “Prefiero que el libro se defienda por sí solo”, afirma el autor. Y me parece una frase lapidaria: los ocho cuentos que lo componen hablan por sí mismos, son un grito en silencio, el grito ahogado que contenemos ante el inexorable paso del tiempo. 

Si para los neurólogos el hard problem es descubrir cómo el cerebro opera el pensamiento consciente, para el escritor lo es el sempiterno dilema de cómo explicarse el tiempo. Aldo Rosales Velázquez le hace frente, intenta barrer las últimas motas de recuerdo de aquellos momentos a los que su mente se aferró, historias en las que podemos encontrarnos como esos necios que somos, al igual que el protagonista de “Mundo magia” –primer cuento del libro– revive un amor platónico de la infancia.

Decir que el tiempo es relativo es lugar común, pero siempre vigente. Aldo, pues, no nos repite esta sentencia, sino que la demuestra a lo largo de sus relatos. “Durante el camino hablaron de la hija de Flora, a la que lleva tres años sin ver y él solo dos semanas, que ha sentido como tres años”, lo relativo, la medida que parte de nuestro contexto. El reloj que le arranca los pétalos al tiempo, como dice otro de los personajes.

Las historias de Tiempo arrasado pueden ser únicamente el instante que se cuenta, pero también los años de nostalgia con que cargan sus protagonistas, el relato de diferentes épocas, y es que cómo se mide el tiempo realmente. Acostumbrados como estamos al reloj que desprende los pétalos, una gotera sin ritmo puede quitarnos el sueño, como a Julio, en “Un árbol al fondo de la piscina”, porque esa medición del tiempo nos resulta ajena.

Permea en estos cuentos una tensión propia de las atmósferas carverianas, donde pareciera que no pasa nada pero algo nos oprime. Es como saber que la muerte nos ronda; invariablemente llegará, ¿cuándo? Nadie lo sabe, pero está en todos lados, algún día nos tomará. Mientras tanto, puede divertirse viendo cómo nos preocupamos por ella. Tiempo y muerte, claro está, son intrínsecas. 

En este libro hay un manejo fundamental de la elipsis. El autor nos arroja pistas sobre la marcha y nos las trae al recuerdo cuando creímos que eran elementos al azar, pequeñas ramas desprendidas al lado de un árbol. Está cargado de simbolismos, muy a propósito algunos, y otros que el lector puede adjudicarse como propios. 

Este volumen de relatos es recomendable no sólo por su contenido, sino por la edición misma —física y editorial— que resulta en una “lectura pulcra”, según escuché de otra lectora. Es una invitación al vacío del recuerdo gastado, a la meditación sobre cómo se miden los segundos, al vernos de frente ante los minutos repetidos que, a fuerza de ello, pierden valor. Como asegura el mismo Aldo: “Cuando una palabra se repite tantas veces pierde sentido, como el tiempo y la nostalgia, se convierte en tierra arrasada, tierra infértil, en tiempo arrasado”.

Imagen: Revarena ediciones.

Arturo Molina (1991) es un lector y charlador méxico-boliviano que juega todos los días a ser adulto, usando como objeto lúdico la palabra escrita. En 2016 recibió el VII Premio Nacional Noveles Escritores que otorga la Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz, en Bolivia, por el volumen de cuentos Espinas, ya editado en México por La Tinta del Silencio (2019). Ha publicado textos en LetraliaPenumbria y Milenio Diario. Actualmente imparte el taller de iniciación a la creación literaria en el Centro Cultural del México Contemporáneo.

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