Anticitera, artefacto dentado de Aura García-Junco

Por Roberto Christian Vázquez

Johannes Kepler imaginó en las órbitas elípticas de los planetas una serie de consonancias musicales parciales que producían un coro de voces. Aunque los profesores de física mencionen “la música de las esferas” como una simple analogía, el tratado de astronomía pensaba en la música de los astros como un hecho; en Harmonices mundi Kepler asigna a cada planeta una partitura, un color de voz acorde a su distancia con el Sol y calcula su resonancia al discurrir por los cielos. El llano lenguaje de la investigación científica contemporánea contrasta con el de estos antiguos estudiosos: no permite el menor atisbo de emociones y los historiadores de la ciencia muchas veces intentan borrar de sus investigaciones la fantasía y misticismo inherentes al develamiento del universo. El encuentro de Nichola Boldini, personaje de Anticitera, artefacto dentado (FETA, 2019), con la habitación de las invenciones termina marcando irremediablemente su destino como inventor. Ante los ojos del niño, los planos y artefactos (que incluyen una serie de oxidados engranajes) parecen sacados de otro mundo en el que la magia es posible.

La anticitera es un mecanismo real de 37 engranajes de bronce cuyo complejo funcionamiento podía predecir eclipses y marcar la fecha de certámenes griegos religioso-deportivos. La invención de al menos veintiún siglos de antigüedad está relacionada con Hiparco de Rodas y Arquímedes de Siracusa; fue descubierta (¿o redescubierta?) en un naufragio cercano a la isla del mismo nombre en 1901. Si bien se teoriza que no fue un artefacto único, no se han encontrado más ejemplares. 

La novela de Aura García-Junco está compuesta por tres partes de varios fragmentos que hacen eco de las máquinas que describe. Uno de ellos es un instructivo para armar el expendedor de agua de Herón de Alejandría; entendemos, entonces, que para ensamblar la novela se requiere el armado cuidadoso y ordenado de las partes. Así, la estructura fragmentaria no es un capricho narrativo sino la forma en que García-Junco puede contar la historia de cada pieza de la maquinaria, contando cada diente de cada engranaje podemos contemplar de mejor forma la manufactura. Es en este análisis que podemos contemplar el uso de registros y géneros que la autora realiza para distinguir un fragmento de otro, manuscritos, grabados, instructivos, tratados, cartas, relatos, poemas en prosa, testimonios, stream of consciousness o conversaciones con interlocutores que fueron testigos parciales. Tal como los filólogos han reconstruido la identidad de Clodia, a quien Catulo dedicó sus poemas usando el seudónimo de Lesbia (sin relación con la Lesbia de la novela) a través de una decena de fuentes periféricas o inferencias escondidas en juegos de palabras, Anticitera… requiere de una lectura cuidadosa para entender mil años de historias de obsesión e ingenio que orbitan en torno a un misterioso invento que promete replicar el movimiento de los astros.

El epígrafe de la novela “y, como no tenía nada verídico que contar pues nada digno de ser relatado me ha sucedido, me orienté a la ficción, pero con mucho más honestidad que los demás, pues diré la verdad cuando afirmo que miento” viene de la Historia verdadera de Luciano de Samosata, un libro con una trama tan disparatada que ha llevado a algunos lectores ingenuos a clasificarla como una obra de ciencia ficción temprana. García-Junco imagina una segunda anticitera abriéndose camino a través de la historia; el ficcionalizado trajinar de este hace que, por momentos, caigamos en la trampa de pensar en este libro como una novela policiaca: los primeros ocho fragmentos nos presentan a personajes de distintas épocas, el nombre Eloísa anotado en un manuscrito y Boldini encerrándose en un cubo gigantesco de su invención. La estructura fragmentaria y el epígrafe nos muestran que estamos ante una larga narración en la que cada parte es una historia en sí misma que fabrica un todo de eventos reales y situaciones inventadas. Por ejemplo, el personaje Friné observa, debajo de una mesa, el asesinato de Arquímedes de Siracusa a manos de un soldado romano. También, como aclara la autora, las instrucciones para fabricar la caja de agua de Herón de Alejandría están traducidas directamente del manuscrito Neumática.

La cuidadosa manufactura de los fragmentos se puede ver no sólo en lo que dice, sino en lo que calla. No hay referencias técnicas o uso de jerga de la ingeniería, dotando a las invenciones y prodigios de un aura mágica. Aunque en un enunciado anterior aparezca la referencia a una caldera, las descripciones de los objetos parecen coincidir más con la invocación de un espíritu que con la construcción de un artefacto.

En una narración que atraviesa un milenio resulta interesante la elisión de marcas temporales para indicar al lector el momento histórico; sin el anclaje histórico, los fragmentos toman un tono casi onírico. Si deseamos ordenar un poco los hechos, tendremos que recurrir a las inferencias contextuales; por ejemplo, Friné huye de Siracusa tras la invasión romana (212 a.C.), Abelardo y Eloísa mantienen su relación amorosa en secreto (~1115 d.C.) o Boldini obtiene financiamiento para su cubo gracias a la construcción de una viola da gamba especial (instrumento que se popularizó en el siglo XV). La inestabilidad hace eco de la labor filológica, en la que el contexto de un manuscrito pocas veces se encuentra lo escrito; sino en lo que el lector logra inferir gracias a su propia agudeza o la ayuda de un investigador más obsesivo.

Como se mencionó anteriormente, esta no es una novela policial pero sí una novela de inferencias, ciertas contradicciones y resonancias que destacan la imposibilidad de la verdad absoluta o de las certezas; más aún cuando entendemos la asimétrica relación entre discursos. La locura, la clase social, el prestigio y la identidad de género desacreditan algunos relatos frente a los conceptos de oficialidad y veracidad de la investigación histórica o filológica. El epígrafe de la novela es un nuevo indicador de que, para reconstruir, necesitamos librarnos de las nociones anquilosadas de lo verídico. 

Al fin y al cabo, la existencia es un palimpsesto en el que el tiempo se encarga de borrar los hechos para anotar nuevos eventos; ignorar una marca es perder un mundo. El discurso subalterno y acallado toma el protagonismo, desde la mujer que se disfraza de hombre para evitar la violencia dirigida a su género (quién logra completar el mecanismo de anticitera) hasta las ensoñaciones de una monja condenada al cautiverio y a la soledad por las costumbres de su tiempo. El penúltimo fragmento es un reconocimiento a las mujeres cuyas voces se intentaron borrar del manuscrito: “Ese tintineo que brota en el momento de la muerte, ese tono largo y casi invisible que es tanto como un fluido, eso que no llamarías música, aunque tampoco ruido, es el regalo de las esferas para Eloísa; el último respiro de Lesbia, aliviada por escapar de su castigo; las mañanas de Friné, madre de Anticitera” (2019: 106).

Al final del ensamblaje, la novela de García-Junco sigue siendo una gran incógnita. La multiplicidad de recursos narrativos, estéticos, estilísticos y de géneros literarios nos sigue otorgando el mismo sentimiento de fascinación y confusión que al principio. Si deseamos utilizar un lugar común, fondo y forma (una disociación artificial, a mi parecer) mantienen la tensión entre lo que es posible saber y aquello que solo puede reconstruirse con la imaginación. Al final, no es la metódica y fría filología la que logra encontrar la “verdad”, sino la ensoñación profunda y visceral la que nos permite observar múltiples esferas resonando en un sistema solar narrativo. Las consonancias parciales orbitan este centro que es un aparato milenario cuyo propósito real nunca conoceremos. La lectora o lector de esta novela quedará atrapado en la construcción de su propia fantasía, tal y como Boldini fue tragado por su invención. 

Roberto Christian Vázquez nació en febrero de 1991, de ahí todo es incertidumbre. Becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de ensayo. Coproductor del proyecto Radiotryp.

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